viernes, 22 de abril de 2011

La operacion periodistica a Reutemann






UNA OPERACIÓN QUE PROMETIO SER UNA EXPLOSION POLITICA, SE CAYO DE NUEVO A PEDACITOS


LUEGO DE LA CAIDA ESTREPITOSA DE DUHALDE,  DAS NEVES Y EL PERIODISMO FEDERAL AHORA SE UTILIZA AL EX GOBERNADOR QUE NI SIQUIERA HABLO DEL TEMAS


LA SINGULAR OPERACIÓN PERIODISTICA A ESPALDAS DEL LOLE REUTEMANN EN UNA FORMULA CON MAURICIO MACRI DEMUESTRA QUE LA IMAGINACION DE MAGNETTO SE VA AGOTANDO



Sin esperanzas de una fórmula opositora sólida para las presidenciales, a Magnetto le queda ganar algo de tiempo hablando a espaldas de Lole Reutemann. El ex corredor de F-1, después de haberse despedido de las elecciones de octubre, es objeto de una curiosa operación periodística: una fórmula junto a Mauricio Macri. Agobiado por su estado de salud, desorbitado por el fracaso estruendoso de Eduardo Duhalde y de Mario Das Neves, dos de sus delfines para este tránsito electoral, Héctor Magnetto evidencia falta de imaginación para armar algo con miras a octubre de 2011. Sin embargo, ya orienta a sus editores a tomar en cuenta la elección del próximo período. Con pluma obediente, el número uno de la redacción de Clarín, Ricardo Kirschbaum, formula sesudas preguntas en la editorial del domingo pasado. “¿Alguien se imagina a Cristina –se interroga el periodista entregándole el poder a otro peronista con la promesa de que le será devuelto mansamente en 2015? ¿Y alguno cree que el delegado que triunfe en 2011 no buscará su propio esquema de poder, tal como hizo Kirchner frente a Duhalde? Con ese panorama al frente, no hay razón objetiva para que Cristina no se postule a la reelección. Néstor Kirchner planeaba una sucesión ininterrumpida entre él y su esposa hasta 2020. Así, el proyecto de Cristina es intentar cumplir con el proyecto y usará todas las herramientas a mano para lograrlo.”

Apenas el cuco de la reelección indefinida. Ya no tienen mucho más. Tan o más burdo que los argumentos de la otra espada de Magnetto, Marcelo Bonelli, que apenas terminada la sanción por pegarle sin mucho éxito a un productor de TN, no hace otra cosa que preguntar si es chavismo o no es chavismo este decreto que pone a tono a los fondos de la Anses en las empresas privadas con los directores que sean proporcionales a las acciones que tiene el Fondo de Garantías Solidarias.

Sin esperanzas de una fórmula opositora sólida para las presidenciales, a Magnetto le queda ganar algo de tiempo hablando a espaldas de Lole Reutemann. En efecto, el ex corredor de Fórmula 1, después de haberse despedido de las elecciones de octubre públicamente, ahora es objeto de una curiosa operación periodística: una fórmula junto a Mauricio Macri. Pero hay dos grandes problemas: el primero es que Reutemann hasta ahora no habló del tema. Y el segundo es que ni siquiera Macri se bajó de la carrera presidencial. El viernes pasado, dos periodistas del monopolio fueron a entrevistar al jefe de gobierno porteño. Tenían un pedido editorial-empresario: que Macri defina, de una vez por todas, que no busca la reelección porteña. El alerta había llegado a la oficina de Magnetto por unos dichos de Jaime Durán Barba en un congreso de comunicación en Ecuador, la tierra del gurú de Macri. Para el asesor de imagen ya no hay margen de que Macri vaya por la Nación y, con las cifras que hay en la Ciudad, si no va él, el PRO puede quedarse sin el pan y sin la torta. Verbigracia: Durán Barba puede quedarse sin su cliente principal. Los periodistas de Clarín, en la nota que publicaron el domingo, mostraron que la insistencia no les sirvió de nada. Le preguntaron y repreguntaron si iría por la Ciudad o la Nación y Macri sólo esquivaba.

La tercera pregunta fue por la negativa: “Pero, ¿usted descarta ir por la reelección?”, y el único aspirante a candidato que todavía le queda a Magnetto se comportó como un obispo cuando le preguntan sobre el reino de los cielos. “Insisto –dijo Macri–, tengo una profunda vocación por liderar una propuesta nacional. Creo estar en mi mejor momento para hacer un aporte. No le demos más vuelta al tema.” En síntesis, Macri no se lanzó por Clarín a la presidencial y la tapa de Clarín tuvo que ir por otro lado. Como premio consuelo, los seguidores de Magnetto se contentaron con titular contra Ricardo Alfonsín. Macri se tiró contra el candidato radical de un modo que espanta a la clase media a la que aspira enganchar a su proyecto. Aunque parezca de un infantilismo completo, no tuvo mejor idea que dejarle servido al kirchnerismo un aliado que todavía no tenía. “Alfonsín se equivoca –sentenció el sesudo Macri–, está haciendo más kirchnerismo que Cristina.”

Para completar la falta de coordinación,  Macri salió a desvirtuar la fórmula con Reutemann. Dijo que se habla de pases y que “van a venir a Boca Ronaldinho y Messi pero al final eso no ocurre”. Daría la impresión de que Magnetto está acostumbrado a tratar a los políticos como gerentes de su empresa y que con Macri se encuentra con alguien similar; es decir, alguien que no aspira a ocupar un cargo en el partido político de Clarín. Para empresarios, ya alcanza y sobra con él. Debería tomar nota Kirschbaum del problema que tiene su jefe. Es un buen tema para las editoriales del diario que dirige mientras Magnetto lo deja.

EL PRO Y LA PELEA CAPITAL. La llegada de Mario Vargas Llosa fue vivida por Macri como uno de sus momentos de gloria. Sin perjuicio de los ataques políticos al gobierno nacional, motivo central de la visita del escritor, Macri debería tomar nota de que Vargas Llosa es un ave de paso y toma la estación de Buenos Aires como una parada más de su viaje por el neoliberalismo preconciliar. Comenzó en el Sheraton con una reunión que por tres días se dedicará a fustigar al “populismo” latinoamericano. De la mano, claro está, de Carlos Cáceres, ex ministro de Economía de Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet y de Manuel Hinds, quien fuera ministro de Finanzas durante el período cruel de exterminio de opositores en El Salvador, durante el gobierno de Roberto D’Aubuisson y sus seguidores. Los PRO ni deben saber que Vargas escribió La fiesta del chivo precisamente para condenar a un emblemático dictador latinoamericano, el dominicano Rafael Trujillo, quien, hace 40, terminó sus días en una emboscada hecha por sus opositores. Vargas LLosa, desde la ficción, da una clase de lo que son los dictadores. Ahora, desde la realidad del Sheraton, prefiere codearse con dictadores y aborrecer a los populistas.

Estos cavernícolas que se dan cita bajo el paraguas de Macri no son vistos con los mismos ojos por los PRO de Horacio Rodríguez Larreta que por los PRO de Gabriela Michetti. La pelea está lanzada. La diputada y ex figura estelar de Macri ni fue a la conferencia de prensa de su jefe y se queja abiertamente de que el lanzamiento del rabino Sergio Bergman fue algo urdido en las incubadoras PRO. Michetti sabe que las encuestas le dan mejor a Macri que a ella en primera vuelta, pero también debe tomar nota de que el sectarismo de su jefe lo dejará solo en el seguro ballottage que tendrán con el candidato del Frente para la Victoria (FPV). Y el rechazo que genera Macri en los votantes es mayor aún entre los partidos políticos que se presentarán en los comicios del 10 de julio en la Ciudad. La decisión del PRO sobre quién los representará en la Capital puede ser por estos días. También se aceleran los tiempos para saber quién será el elegido para expresar al FPV y, sin duda, los tres precandidatos esperan con mucha mesura la decisión de la presidenta. Las encuestas lo favorecen notablemente a Daniel Filmus, pero eso no es lo único que tendrá en cuenta Cristina. Algo que será fundamental tiene que ver con la capacidad de diálogo y de convocatoria que cada uno de ellos exprese con los aliados, tanto los de Diálogo por Buenos Aires –Aníbal Ibarra– como de Encuentro –Carlos Heller–, los seguidores de Jorge Telerman, los simpatizantes de Samuel Cabanchik, también por los socialistas, humanistas y radicales que en la Ciudad se identifican con el FPV. La alianza mayor será de cara a la segunda vuelta del 31 de julio, cuando se sepa si los votantes de Proyecto Sur (que todavía no se sabe si tendrán a Pino Solanas o a Claudio Lozano como candidato) o de Luis Zamora, se vean convocados o no por quien represente a Cristina en la Ciudad. Un frente ciudadano contra la continuidad de una derecha cruel e insensible en la Capital podría ser una gran noticia. Algo que debe cocinarse a fuego lento, seguramente, porque cada fuerza política y cada candidato quieren competir para ganar, pero que también debe empezar a fijar pautas y consensos para que las peleas entre fuerzas progresistas no terminen espantando a los votantes antiPRO.  Por Eduardo Anguita

Aprueban decision de nombrar directores

MAS DEL 84 POR CIENTO APRUEBA LA DECISION DE NOMBRAR DIRECTORES EN PRIVADAS CON CAPITAL ESTATAL



LA OPINION DE LA GENTE MAYORITARIAMENTE SE PRONUNCIO A FAVOR DE LA PARTICIPACION ESTATAL EN LAS EMPRESAS Y QUE LA ANSES INVIERTA SUS RECURSOS EN FIRMAS ARGENTINAS

ESCANDALOSAMENTE, TENARIS Y SIDERCAR,  DOS FIRMAS DE TECHINT,  CONCENTRAN MAS DE 44 MIL MILLONES DE PESOS SIN DISTRIBUIR Y EN AMBAS LA ANSES POSEE ACCIONES

El 84,9% de los entrevistados consideró acertada la decisión del gobierno nacional. Además, el 61,3% dijo estar de acuerdo con que la ANSES invierta sus recursos en firmas argentinas. Más de la mitad criticó la actitud de Techint. Por Hernán Cocchi. Tiempo Argentino.


El fantasma de la “venezuelización” fogoneado luego de la decisión de la ANSES de nombrar directores en empresas privadas con capital estatal no prendió. Según una encuesta realizada por Ibarómetro, el 84,9% de los entrevistados aprueba la designación de representantes en las compañías para ejercer los derechos políticos sobre las acciones heredadas de la estatización de las AFPJ. Pero el dato que más llama la atención es que un 61,3% está de acuerdo con que la Administración Nacional de la Seguridad Social invierta en firmas argentinas, lo que no sólo implicaría un aval a la medida del gobierno sino también que se busque ampliar la participación pública en compañías. La “preocupación” y la “polémica” de la que hablaron los medios de comunicación en los últimos días no encontraron el aval buscado por empresarios y periodistas.
Las respuestas ponen en duda los grandes titulares escandalosos de la última semana y las advertencias sobre la inseguridad jurídica derivada de la decisión gubernamental. El 57% de los entrevistados afirmó que conoce la información y el 47,3% considera correcto que el Estado deje de ser un socio “bobo” en las empresas privadas. Por el contrario, el 25,3% estima que el anuncio se trata de “un atropello y un camino a la estatización”.

Cuando la decisión ya estaba tomada y los empresarios no lograron socializar sus miedos, los medios de comunicación intentaron instalar una “propuesta alternativa”, que implicaba aceptar la participación del Estado en los directorios de las firmas, pero limitando sus atribuciones. El 43,7% de los encuestados telefónicamente por Ibarómetro rechazó esta idea y respondió que los nombramientos deben ser proporcionales a las inversiones en cada una de las empresas. Mientras que un 28,4% sólo admite que esa representación esté limitada al 5%.

Cuando el gobierno decidió estatizar a las AFJP para garantizar las jubilaciones de los trabajadores ante la inminente quiebra del sistema de capitalización, las inversiones de esas firmas en acciones de empresas privadas fueron heredadas por la ANSES. A partir de allí, el Estado participa en 42 compañías a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad que gestiona el organismo encabezado por Diego Bossio. De ese total, ya fueron nombrados directores en 22 sociedades. Una de ellas es Central Puerto, controlada por el holding Sadesa, que genera electricidad en el puerto porteño y de la que el Estado posee el 3,95%. Cabe destacar que ese porcentaje es uno de los más bajos de todas las participaciones accionarias. El titular de la ANSES, Diego Bossio, consideró la decisión como “lo más justo”, y señaló que fue tomada para “defender la distribución de utilidades en favor del Fondo de Garantía Social”.
“Es curioso que los mismos que hablan de seguridad jurídica ahora no quieren repartir dividendos”, afirmó Cristina Fernández al defender la vigencia del Decreto 441, por el cual el Estado decidió incrementar su participación en el directorio de la poderosa Siderar, de la cual posee el 26% del paquete accionario. La encuesta realizada por Ibarómetro revela que el 55,6% rechaza la decisión de Techint de no dejar ingresar a los representantes del gobierno a su directorio. Además, el 54,2% está de acuerdo con que “si las corporaciones empresarias quieren definir políticas, que vayan a elecciones”, como manifestó la mandataria. “Yo espero que la justicia sabrá poner las cosas en su lugar, porque es lo que reclamaría cualquier argentino”, anunció la presidenta el lunes en Casa de Gobierno, en respuesta al anuncio de Techint.
La encuesta, realizada el miércoles sobre 800 casos de la Ciudad de Buenos Aires y los primeros dos cordones del Conurbano, reveló también que el 60% de los entrevistados evalúa “muy bien” o “bien” la gestión del gobierno nacional y que el 35,1% la considera “bastante mala o muy mala”.

DOS FIRMAS DE TECHINT CONCENTRAN 44 MILLONES SIN DISTRIBUIR
En ambas la  Anses posee acciones

Se trata de Tenaris y Siderar, cuya asamblea de accionistas de una semana atrás fue declarada nula por las autoridades.
  El martes pasado, la sociedad Tenaris, controlada por el Grupo Techint y dedicada a la producción de tubos de acero sin costura para la actividad petrolera y del gas, presentó su balance de 2010 en la Bolsa de Luxemburgo. Tenaris es el nombre que adoptó desde 2001 la vieja Dalmine
-Siderca, fábrica de la zona de Campana que tuvo ese nombre desde 1962. Incluso hay un club de fútbol del ascenso, Villa Dálmine, que creció a la sombra de ese gigante del acero.
Pero Tenaris se constituyó en Luxemburgo. Por eso, en la Argentina está sujeta al artículo 118 de la ley de sociedades comerciales, que trata de las sociedades que han sido constituidas en el extranjero y operan en el país.
En la página 27 del reporte anual, la firma consigna que tiene como capital y reservas atribuibles a los tenedores de acciones de la compañía la friolera de U$S 9.092.164.000, es decir, $ 37.096.029.120, o poco más de 37 mil millones de pesos.
Justamente, el jueves pasado, un informe del Banco Ciudad consignó que las utilidades sin distribuir de Tenaris ascendían a U$S 7870 millones, unos $ 31.200 millones, sin contar con los agregados, actualmente, en el balance de 2010.
El dato grafica la magnitud de los recursos que están en manos de las empresas en las que la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) tiene participación accionaria y no han sido distribuidos aún, sin que medie una causa concreta para ello. La ANSES posee el 3,5% de Tenaris, lo que le da derecho a tomar $ 1300 millones de esa reserva sin destino preciso.
Siderar, otra empresa del Grupo Techint y que ha sido el epicentro del conflicto entre el gobierno y el grupo que comanda Paolo Rocca, posee $ 6800 millones en resultados no asignados, de los que casi el 26% pertenece a la ANSES, es decir unos $ 1760 millones.
Otras empresas en la que ANSES es parte accionaria mantienen dinero fresco sin distribuir. Es el caso de Transportadora de Gas del Sur, que posee $ 1145 millones de los que $ 265 pertenecen a la ANSES por su participación accionaria (del 23,1%), Petrobras Energía, con $ 6204 millones acumulados sin distribuir y de los que $ 418 millones son de la ANSES por su tenencia del 6,7% del capital social de la filial argentina de la empresa mixta brasileña, o el de BBVA Banco Francés, que posee $ 1832 millones no distribuidos, de los que $ 137 millones corresponden al organismo previsional por la propiedad del 7,5% del banco de capitales españoles.
El gobierno ha decidido “recuperar” su parte de los resultados no asignados. En total, unos $ 6300 millones, poco menos del 10% de los más de $ 65 mil millones en esa condición en las 43 empresas de las que ANSES posee acciones

Reflexiones en torno a la condicion de un intelectual


Reflexiones en torno a la condición de un intelectual


OPINION. Por Horacio González. Sociólogo. Director de la Biblioteca Nacional


VARGAS LLOSA Y RAUL SCALABRINI ORTIZ 

Sería interesante pensar –discretamente, pues casi todo ya ha sido pensado sobre la condición del intelectual. Pero posterguemos unas líneas la aparición de Vargas Llosa y en primer lugar veamos el caso de Raúl Scalabrini Ortiz. Me gustaría proponer que se trata de un intelectual sacrificial, al que defino como el que unge su prédica en términos de una misión trascendental. Nadie se la ha otorgado, pero se le va la vida en ello. Así, pone el sacrificio personal como precio de la verdad. Le sobrevuela la idea de suicidio, que Lugones había establecido, aunque no lo cometa. Su interés es por las grandiosas revelaciones. Las que suceden cuando en la conciencia colectiva se clavan los aguijones de la magna denuncia. Estas pueden consistir en el hecho de que todo está corroído. En que ha triunfado el mal bajo el nombre del bien, lo ilógico bajo el nombre de lo normal. Scalabrini abunda en estos temas; es su método para las reprobaciones. “Falso, todo es falso”, exclama angustiado cierta vez. Es que percibía una enaltecida trama cultural, pero dentro de ella se asfixiaba el país. Empréstitos ingleses, ferrocarriles ingleses, un Banco Central “hecho para los ingleses”.

Las tergiversaciones políticas que afectaban al cuerpo social las sentía en su propio cuerpo como malestar, oscura enfermedad. La escritura tenía, por eso, un aire febril. Era un sacramento. Equivalía a un síntoma, expresaba una dolencia. Ya en El hombre que está solo y espera había una idea antropomórfica de la naturaleza, de los ríos, el paisaje. Dice del hombre porteño, modo espiritual y mineral de la vida nacional: “Aventa las teorizaciones arqueológicas, poda la ampulosidad de los conceptos, humilla la arrogancia de los contextos legalistas y manumite al hombre de la artificiosa hojarasca literaria que le recubría...”. Con verbos un poco enrarecidos, señalaba un programa sensitivo, apoyado en grandes alegorías y recónditas energías vitales. Sin dictámenes letrados ni instituciones aúlicas. La teoría, la ley, la “hojarasca literaria”, como buen modernista, eran condenadas por Scalabrini. El asombroso éxito del libro, en 1931, le dicta un paradojal sentimiento. El del retiro del ruido mundano hacia el gabinete del estudioso que en soledad arroja sus dardos contra el demonio, como Lutero lanza su tintero en Wartburg.

Halperín Donghi le reprocha a Scalabrini que su estudio sobre cómo el país ha sido ahogado por el imperialismo inglés tiene un sabor demonológico. No es justo este dictamen, si se tratase de un acto sumario de descalificación. Sin embargo, es cierto que Scalabrini tiene una noción de culpa histórica y una tendencia a exorcizar los males colectivos desde una fuerza telúrica espiritualizada. Pero lo hace con una entrega inusual hacia la investigación de los archivos, que a partir de él pueden ser considerados yacimientos donde el destino de la ciencia convive con el sigiloso hechizo de los secretos que se guardan y deben ser revelados. Con él los archivos recobran el aire misterioso de cerrojo a la verdad que hay que revolver con intuición santa. Si se tiene en cuenta que el hombre de Corrientes y Esmeralda debía “aventar las teorizaciones arqueológicas”, para Scalabrini, hijo de un gran paleontólogo y autor de la célebre frase sobre “el subsuelo sublevado de la Patria”, no se presentaban tan fáciles las cosas. Cierta preferencia por hombres vitales y candorosos, abiertos hacia el mundo con su pudor casi místico, componía una parte de su libreto existencial. Pero había que excavar profundo, resguardarse de las acechanzas, expulsar de sí mismo la posible flojera ante fuerzas tan poderosas a ser denunciadas –un imperio–, y crearse una ética de soledad y esperanza para oscuras épocas de simulación.

Solamente Martínez Estrada llega tan lejos como Scalabrini en cuanto al profetismo laico que le atribuye a la tarea intelectual. Es cierto que estos dos hombres devocionaban cosas diferentes –uno, a la nación como redención moral; el otro, a la moral como forma vital de salvación–, pero usaban los mismos planos oculares, una misma hipótesis sobre lo insondable que emerge y se subleva. Ambos trataban sobre una escisión complementaria de un único momento: la verdad como encierro a liberar, lo falso que oprime en la superficie. El acto liberador debía constituirse, antes o después, en texto. Por eso, decimos ahora: cualquier canon nacional reconstruido debe poner a estos dos escritores frente a frente. Conmocionado, Scalabrini imaginó que los hombres del subsuelo que marchaban por las calles en 1945, no tanto salían con su libro en la mano, sino que salían “desde” su propio libro de 1931. Excesivo, Martínez Estrada pensó también que “desde” su libro de 1933, Radiografía de la pampa, emergían los personajes sociales que se manifestaban en la ciudad de esa misma década del ’40. Son dos intelectuales que conocieron por igual –diferencias políticas aparte– la fuerza del texto propiciador, incluso profético, y el martirio de su propia vida ofrecido como prueba de que los ensalmos salvadores no aparecían.

¿Persisten intelectuales de este rango? ¿Los años foucaultianos, con su intelectual cartógrafo o micropolítico, no los han desplazado? ¿Los modelos de investigación universitaria, las redes institucionales de tecnologías archivísticas y modelos de pesquisa, no los han convertido en anacrónicos? ¿Las foundations neoconservadoras no han creado una nueva figura del converso, el sepulturero más eficaz del pasado que lo persigue quedamente?

Sin embargo, se sigue devocionando a Rodolfo Walsh, que también cultivaba una noción de sacrificio, de aciagos días de justicia. Viñas había pensado mucho esta cuestión y había inventado un aforismo: a mayor criticismo, mayor riesgo. La tesis sobre el riesgo era también la punta trágica viñesca, pero en una época en que no había audibilidad para los lenguajes del tormento existencial. Ya Borges los había condenado por “patéticos”, en pleno momento del compromiso sartreano. Ensayó su respuesta en una literatura que refugió en grandes alegorías universalistas su profundo núcleo nacional y sembró sus alrededores de airadas conjeturas políticas. Terribles opiniones, verdaderos caprichos infantiles, convivieron con una magnífica obra que surge de los mitos más íntimos de la vida y el lenguaje. En cuanto a Cortázar, deslindó el problema y anunció en el preámbulo de Rayuela que no era concebible que un hombre pudiera cargar con los problemas y la representación de una nación: sincero reconocimiento de su propio juego literario.

¿Qué nos trae en cambio Vargas? No es el intelectual en su cartuja, pues está en el mundo, combate y caracolea. Curiosamente, retoma la idea de señalar las heridas del mundo para reencaminarlo, darle verdad frente a los hombres equivocados, como él dice haberlo estado, melancolía mediante, en los años sesenta. ¿Pero es el escritor destinado a conmoverse por los rumbos de una comunidad y lanzar sus profecías doloridas? Político que viaja con sus certificados, sus ujieres y palafreneros, alerta sobre los males presentes, por lo general resumidos en la expresión “totalitarismo”. Algo de aristocrática perversidad –se conoce su preferencia por el famoso y sutil escrito de Flaubert sobre las épocas de la historia entendidas según los tipos de zapatos femeninos– lo lleva a convivir con las incultas derechas argentinas. ¿Sufre allí su castellano apacible y bien modulado? No parece cuando suelta la lengua y arroja su tintero contra los demonios del populismo, ante la risa gorda de los recaderos del macrismo.

Pero de inmediato comprendemos que Vargas Llosa ha aprendido mucho de los políticos que actualmente frecuenta. Llega un momento en que modula la voz, retira adjetivos, calcula sus pasos, exhuma una distraída dulzura de hombre superior y acude al real goce del provocador, que es asumir la máscara ritual del fauno herido en su momento de prudencia y calma: “No vine a provocar”. Es que con los antiguos elementos del intelectual que llamamos sacrificial, actúa protegido por penumbrosas fundaciones, corporaciones mediáticas y conglomerados de derecha. Pero no corre riesgos, lo protegen símbolos de intocabilidad. Aunque su caso demuestra que estamos debatiendo sobre la historia viva del intelectual latinoamericano de la contemporaneidad, pues como sea –sofocados, invertidos, transfigurados, astutamente alterados–, los motivos de Vargas saben despertar un interés libertario. Late en ellos su drama personal, restos apagados de viejos debates, recuerdos que ahora sólo parecen amables conversaciones con aduladores de turno, y que en algún momento debieron ser turbulencias como las que ahora permanecen en el espíritu de los intelectuales latinoamericanos que viven en la espesura de la historia actual y no en el foro de las convenciones de las derechas mundiales.

¿Pero es de derecha Vargas Llosa? La genealogía del inquisidor, convertido luego en el moderno comisario político, es de las historias que despiertan inmediata adhesión. El la cuenta bien. ¿Quién las cuestionaría? Todos desearíamos ser hijos de la crítica a la intolerancia. Y efectivamente lo somos, al punto de una verdad a la que Vargas no ha llegado. Porque los verdaderos enemigos de la intolerancia, lo somos porque –nuevamente–, estamos inmersos en la dialéctica del lenguaje, en sus grandes paradojas, y menos en lo que ahora, en Vargas, es la cómoda linealidad de un liberalismo cuya ambigüedad da por descontada. Es liberal para trazar la historia de la modernidad y es liberal mientras se palmea con Hernán Lombardi. ¿No hay diferencias entre ambas acepciones? Entonces, su condición de hombre de derecha la da menos su vieja problemática literaria impregnada de una chispa que sin duda no ha cesado –pues piensa como un ironista liberal puro–, que su falso candor, repleto de ardides. Los ha mostrado, “encantadoramente”, en su discurso de la Feria. Y en verdad es encantador, hasta que el peso de la historia una y otra vez pone pesadas comillas en esta frase, sin abandonarla.

En su discurso desgranó estos temas, entre afirmaciones interesantes pero vagas, y trivialidades que no dejaban de ser simpáticas. Se mostró como si un personaje del Marqués de Sade, ahogando sus pasiones previsibles, se transformara en un amable conversador que da explicaciones sobre sus buenas novelas de iniciación de un modo que lo acerca –es una pena– a las pedagogías obligatorias de la globalización. El gran hombre relata sus complacientes fórmulas luego de darle consejos a la Presidenta y rezongar sobre premios como lo haría algún espíritu escéptico del siglo XVI. Como diría Sartre, su sinceridad suena de mala fe. Me gustó escucharlo. No dejó de coincidir con las palabras que en espejo poco antes dijo Bergoglio, ambos asombrados de tanta “crispación”. Dijimos que había “dos” Vargas Llosa. Ahora pienso que hay muchos, variados géneros multicolores de “Vargas Llosa”, replicantes que habitan un solo cuerpo. Interesante enigma, que nos instiga luego de este debate, que no fue vano, a respetar esas banalidades donde se cuela la tragedia real del novelista que es, y a imaginar un nuevo tipo de intelectual latinoamericano que permita el balance entre aquel éxtasis scalabriniano y este candoroso liberalismo vargaslloseano. En su misma exposición, la palabra “liberalismo” se mostró una de las tantas máscaras abstractas que no logra abarcar el conjunto de temas de un debate que excede –lector de Madame Bovary como él es y somos todos–, sus pasmosas ensoñaciones, ingenuidades y sofismas. Nadie le pide bolivarismo, en cambio es afligente su bovarysmo.Publicado en lsu edicion de hoy, vie