domingo, 31 de julio de 2011

ES MUY RARO ENCONTRAR OTRA SITUACION MEDIATICA TAN MONOPOLICA COMO EN LA ARGENTINA



EL MONOPOLIO MEDIATICO, LA LEY DE MEDIOS Y LOS PUNTOS DE CONTACTO ENTRE MURDOCH Y MAGNETTO SON ANALIZADOS POR DAMIAN LORETTI.,  EX DIRECTOR DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN DE LA UBA, VICEDECANO DE CIENCIAS SOCIALES Y HOMBRE VINCULADO AL MOVIMIENTO DE RADIOS COMUNITARIAS

LORETTI SEÑALA EN SUS DECLARACIONES A TIEMPO ARGENTINO, QUE EL ESCANDALO EN INGLATERRA ES PARTE DE UNA PRIMERA INVESTIGAC ION QUE EFECTUA EL DIARIO THE GUARDIAN CON SU PERIODISTA NICK DAVIES, QUE PUBLICA CIERTAS INCONDUCTAS DE PARTE DEL NEWS OF THE WORLD, UN DIARIO DE MAS DE 180 AÑOS QUE COMPRO MURDOCH HACE UN TIEMPO

EN EL MARCO DE ESTE PROCESO DESTACA QUE LA LEGISLACION INGLESA EN RELACION A LOS MEDIOS ES MUCHO MAS DURA QUE LA ARGENTINA., “EN INGLATERRA, LAS REGLAS DE DESCONCENTRACION IMPLICAN QUE SIN UN PROPIETARIO TUVIERA MAS DE UN MEDIO, NO PODRIA UNIFICAR LAS REDACCIONES”, AFIRMA

DESTACA QUE SON INCONTABLES LOS MEDIOS DE PROPIEDAD DE MURDOCH. DESDE AUSTRALIA HASTA EL WALL STREET JOURNAL EN ESTADOS UNIDOS, Y AHÍ APARECE OTRO ENTRAMADO, EL DE LA FOX EN EE UU COMPRADA POR MURDOCH EN 1980 Y EL PARTIDO REPUBLICANO

FRENTE A ALGUNOS ELEMENTOS QUE SEÑALAN PARALELOS ENTRE MURDOCH Y EL GRUPO CLARIN – MAGNETTO., LORETTI, EXPRESA QUE NO PUEDE CORROBORAR ESA AFIRMACION, PERO DE TODAS MANERAS LA SITUACION DE PREDOMINIO DE LOS MEDIOS DEL GRUPO, LO QUE FUE EL TENDIDO DEL CABLE Y LA EXPLOTACION DEL FUTBOL PARA EL CRECIMIENTO DE CABLEVISION, LA SITUACION DE PREDOMINIO DE LA INDUSTRIA DEL PAPEL POR PARTE DE PAPEL PRENSA, DAN LA SENSACION DE UN PODER EQUIPARABLE  


El monopolio mediatico en la Argentina

Fue director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, y luego vicedecano de Ciencias Sociales. Abogado vinculado al movimiento de radios comunitarias, fue entrevistado por Roberto Caballero en el programa Mañana es hoy, que se emite de lunes a viernes, de 18 a 20, en Radio Nacional. Defendió la concepción de la Ley de Medios de la Democracia y analizó los puntos de contacto entre Murdoch y Magnetto.

Publicaste en Página/12 en relación al tema Murdoch. Escándalo en Inglaterra,  con paralelo en los EE UU, y relacionado con nuestra nueva Ley de Medios.

–Se trata de un problema solamente de Inglaterra, o solamente un problema de escuchas. Eso parte de una primera investigación que hace el diario The Guardian, con su periodista Nick Davies, que publica ciertas inconductas de parte del News of the World, un diario de más de 180 años, que compró el grupo Murdoch hace un tiempo. E incluso se hace un planteo en un ámbito llamado Comisión de Quejas contra la Prensa (PCC), que es un mecanismo de autorregulación del periodismo inglés, donde tiempo más tarde, en septiembre de 2009, sacan una primera resolución señalando que no había ninguna cuestión que impugnarle a News of The World por la publicación de escuchas, porque dicen que no está probado esto. Hay una rara paradoja: si uno hoy se mete en la página web del PCC, encuentra un cartel en esa resolución de 2009 donde se dice que esto ha sido revocado por una decisión del 6 de julio de 2011, ya con pleno escándalo lanzado y con una declaración del PCC haciéndose cargo no del error sino de la circunstancia que existió, y llamando a que esto no pase más, etc.

–Le dieron la razón al periodista que había denunciado eso…

–Exactamente. Eso se puede hacer cuando tenés más de un medio y suficiente sustentabilidad para que haya pluralismo: ningún periodista se animaría a hacer eso si existiera un medio, o tal vez dos, porque no tendría adónde ir a trabajar. Marcaba eso en situación de la concentración de los medios, sobre todo en el interior en la Argentina, y particularmente en la televisión. La segunda cuestión es que este escándalo se visibiliza cuando el grupo Murdoch quiere comprar el resto de lo que le falta para llegar al 100% de una empresa de televisión digital llamada BSkyB, la más desarrollada de la televisión inglesa. Y requiere que sea aprobada esa compra, de acuerdo a la ley inglesa, por parte de una oficina regulatoria que hace un test de idoneidad, y si es  apropiado y adecuado quien intenta comprar una licencia respecto a su historia en los medios, y cómo maneja sus medios. En Inglaterra, las reglas de desconcentración implican que si un propietario, por ejemplo, tuviera más de un medio, no puede nunca unificar las redacciones.

–Más dura que la legislación argentina.

–Las reglas en materia de contenidos, en muchísimos lugares, son más duras que en la Argentina. Los mecanismos de autorregulación, o de la propia prensa inglesa, se basaron en que a fines de los ’40, en la postguerra, el Parlamento inglés sacó un Documento llamado el Libro Blanco de la Prensa Inglesa, con una serie de cuestiones que estaban ocurriendo, y les dijo a las empresas periodísticas, a los editores: “o se autorregulan o los regulamos nosotros”. De ahí salió el Reglamento de la Comisión de Prensa, primero, y el PCC actual.

–Pero el caso no se termina ahí...

–Cuando explota el tema policial marca una situación de complicidades entre News of The World y la propia Policía Metropolitana (por el que termina renunciando el jefe de la Policía), ya que había un montón de libras puestas en estas operaciones encubiertas de la Policía para vender las grabaciones. Esto no era secreto, porque habían existido pagos de indemnizaciones judiciales y extra judiciales por publicaciones de esas escuchas. El punto más complejo es cuando se divulgan las grabaciones periodísticas ligadas al caso de la violación de una menor. Esto pone en jaque a todo el sistema, al régimen de complicidades, y toma intervención el Parlamento.

–¿Y cuál es el vínculo con el gobierno británico?

La Cámara de los Comunes cita al primer ministro David Cameron –conservador–, y una de las cosas que le plantea es que su director de comunicaciones –acá una suerte de vocero– es el ex editor de News of The World, lo que muestra una mezcla entre la Fox y el gobierno conservador muy cuestionable. La devolución de atenciones que hace el primer ministro Cameron en su interpelación en la Cámara de Comunes es que la misma relación la tenía antes Rupert Murdoch –dueño del grupo de medios News Corporation– con el gobierno laborista, lo que implicó una serie de cambios reglamentarios durante su gestión, el inicio de flexibilizaciones a los mecanismos de control de concentración, y el propio Murdoch había dicho un día antes, en la Comisión de Cultura de la Cámara de los Comunes, que él se llevaba mejor con James Gordon Brown (primer ministro anterior). Cuando este entramado sale a la luz, los diputados le dicen a Murdoch que retire su oferta de comprar el 100% de BSkyB. Esto, limitado a un caso inglés, no sería nada, pero el propio Murdoch dijo hace mucho tiempo que él manejaba un imperio. ¿Hasta dónde llega ese imperio? Es innumerable la cantidad de medios que tiene, desde Australia hasta The Wall Street Journal en los EE UU. Y ahí aparece otra pata en todo este problema: el entramado entre la FOX de los EE UU –comprada por Murdoch en la década de 1980– y el Partido Republicano, sobre todo su ala más dura, más de derecha. Al punto que hay autores independientes, algunos, y demócratas, otros; y páginas web que tratan las cuestiones vinculadas a los medios, que han marcado frases como la de un ex redactor de discursos de Bush que dice: “nosotros pensábamos que la FOX trabajada para nosotros, y resulta que trabajamos para la FOX.” 

–Queda en evidencia el poder mediático. ¿Hay algún paralelo entre Murdoch y Magnetto?

–No tengo elementos para hacer ese tipo de afirmaciones, porque no conozco al dedillo ninguna de las dos trayectorias. Sí creo que la situación de predominio de los medios del Grupo, en función del tendido de cable de lo que fue lo del fútbol para la explotación de modo vinculado con el crecimiento de Multicanal, la actual discusión sobre la fusión y la situación de predominio de la industria del papel por parte de Papel Prensa, da la sensación de un manejo del poder equiparable.

–Clarín publicó sin firma una nota de una página donde reflejaba mails secretos, personales, privados, de funcionarios, periodistas y actores políticos importantes. No para denunciar el delito sino haciéndose eco de lo que decían los mails. ¿Hay riesgo de traspasar una línea como sucedió en Inglaterra?

–Seré puntilloso en esto. No es exactamente lo mismo, ni por asomo, discutir principios éticos que discutir reglas legales. Y como entre otras, la piedra en mi mochila es haber sido y seguir siendo abogado del Gremio de Prensa, he tenido algunas defensas y planteos vinculados a esto. Lo que está claro en la mayoría de la jurisprudencia es que la difusión de correos y de grabaciones no puede ser considerada una violación legal. ¿Por qué? Porque no es el periodista –se supone, y si lo hiciera dejaría de trabajar como tal– el que hace el hackeo, la interferencia o la captación telefónica. Lo mismo con la publicación de fotos. Hay cuestiones que tienen que ver no con situaciones delictivas de apropiarse de la foto, sino con la divulgación de imágenes. Ahí puede haber un problema de derecho de imagen, pero no de naturaleza penal de cómo las obtienen en la medida en que no sea el periodista el que hace la captación. Ahí está la ilegalidad en el caso Murdoch: entre la policía y el News of The World, en función de ser ellos los que hacían las pinchaduras o encargarlas

"YO QUERIA CONOCER COMO ERA CRISTINA FUERA DE LA CADENA NACIONAL.




LA ATRAPANTE HISTORIA DE CÓMO CONSTRUYO Y VIVIO SANDRA RUSSO, EL LIBRO “LA PRESIDENTA, HISTORIA DE UNA VIDA, QUE A LOS POCOS DIAS DE SALIR A LA VENTA YA GENERO UNA FUERTE  POLEMICA CON ALBERTO FERNANDEZ, EL EX JEFE DE GABINETE.

EN ESTE REPORTAJE, LA PERIODISTA DE PAGINA 12 Y 6,7,8, RELATA
LA HISTORIA DE LO QUE SEGURAMENTE HAYA SIDO EL HASTA EL MOMENTO,  EL LIBRO Y LA NOTA DE SU VIDA. TANTO ES ASI QUE DEBIO RENUNCIAR A RADIO NACIONAL PARA PODER REALIZARLO.

INCLUSO REVELA QUE A LA “HISTORIA” COMENZÓ A ESCRIBIRLA ANTES DE LA MUERTE DE NESTOR KIRCHNER, Y POSTERIORMENTE A SU FALLECIMIENTO INCLUSO ALTERO TODA LA IDEA DEL LIBRO QUE TERMINO NO SIENDO LA MISMA DE LA CUAL HABLO POR PRIMERA VEZ CON CRISTINA

SOSTIENE QUE NO SE TRATA DE UNA BIOGRAFIA NO AUTORIZADA. NI SIQUIERA ES UNA BIOGRAFIA.” TOMAMOS TRAMOS DE SU VIDA, POR COSAS QUE SE ME OCURRIERON A MI, Y QUE NI CONSULTE CON CRISTINA”, ADVIERTE

CONFIESA QUE NUNCA SE PELEO CON LA PRESIDENTA EN LAS DISTINTAS ENTREVISTAS QUE FUERON CONSTRUYENDO EL LIBRO, PERO QUE ELLA ESTUVO A PUNTO DE DEJARLO EN DOS OPORTUNIDADES. UNA CUANDO MURIO NESTOR. “OFRECI RESCINDIR EL CONTRATO PORQUE ELLA ENTRABA DE DUELO, Y YO COMO VIUDA YA HABIA PASADO POR ESE TRANCE.”  LO SUPERO, PERO ESTUVO POR SEGUNDA VEZ A PUNTO DE ABANDONARLO, CUANDO TRANSCURRIA LA FECHA DE ENTREGA A LA EDITORIAL Y NO LO TERMINABA. . TAMBIEN LO SUPERO.

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“Yo queria saber como era Cristina fuera de la cadena nacional”
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Por Miguel Russo. Miradas al Sur  Titulo: La Presidenta. Historia de una vida Autor: Sandra Russo Editorial: Sudamericana

“Una charla con la autora de La Presidenta. Historia de una vida, el libro que, a seis días de haber aparecido, y con Alberto Fernández como primer indignado, generó una polémica que fue la tapa de los medios monopólicos. Caminando de Juan B. Justo hacia el centro, Palermo deja de ser Hollywood y vuelve a ser el barrio de verdulerías, de metegol en la vereda del quiosco y de los supermercados chinos que dan cuenta de la globalización de entrecasa. Las calles vuelven a ser una foto (donde lo que importa es el momento en que funcionan personas y objetos) y dejan de ser un cuadro (donde casi todo parece carecer de historia). En una de esas calles vive la periodista y escritora Sandra Russo, autora de un libro que es una sucesión de fotos y que, al mismo tiempo, destroza ese mito de la pobreza de las mil palabras ante una imagen. Mucho tiene que ver con su habilidad para escribir. Pero mucho también tiene que ver con el personaje y su excelencia al narrar: Cristina Fernández de Kirchner. La Presidenta. Historia de una vida salió hace seis días. “¿Café?”, pregunta Sandra por el portero eléctrico, antes que “hola”. Es que desde hace seis días el timbre de su casa suena apretado por decenas de periodistas que quieren la nota, una respuesta, el secreto, el chisme, las dudas, algo de ese libro que, sin buscarlo, como si se tratara de una campaña mediática imposible de idear por cualquier editorial, ya hizo estallar –gloriosos tiempos políticos, al fin– la polémica.

A un año de la firma del contrato con la editorial, luego de renunciar al programa que tenía en Radio Nacional, entre otras cosas, para realizarlo, Sandra Russo sirve el café anticipado y aclara: “Era una idea que tenía, pero en realidad no era este libro”.

–¿Cómo es eso?

–Tuve una primera entrevista con la Presidenta, pero fue antes de que muriera Néstor. El 27 de octubre de 2010 se alteró toda la idea del libro, de manera que éste que terminó siendo no es el mismo del cual hablamos aquella primera vez. Yo quería girar sobre una foto de Cristina: ella tenía 20 años y está frente a las rejas del Zoológico de La Plata. Algo así como “qué fue de la vida de esa militante de los ’70”. Ese era el eje de este libro, pero con la muerte de Néstor el proyecto se detuvo y fue mutando. Trabajé muchos meses sola y, después, con el colega Werner Pertot. Y decidí hacer otro laburo. Mucho más difícil, porque tuve que armar toda la estructura del libro sin las entrevistas y, más o menos, ir previendo en qué capítulos sería indispensable la voz de Cristina. Es bastante reacia a los reportajes. A través de Andrea Rabolini, que trabaja en la Secretaría General de Presidencia, pude hacerle llegar el primer proyecto y aceptó. Yo no lo podía creer. Claro que ese proyecto incluía su voz.

–Un relato a dos voces.
A ver, cuando se habla de biografías no autorizadas hay un ítem editorial que es prometer los secretos no revelados de un personaje público sobre el que circula un relato determinado que se quiebra con ese libro. En el caso de Cristina, me parecía que ese eje no tendría ningún sentido.

–Se estaría hablando de dos personas distintas: un personaje que quiere ocultar y una escritora que quiere revelar...

–Claro. Y, además, objetivamente, había mucho relato no autorizado de la vida de la Presidenta. Mi intriga personal tenía que ver con qué decía ella de su vida. Obviamente, no es sólo su relato. Lo datos duros forman parte de la historia legislativa argentina como personaje público que es desde hace veinte años. Yo quería escucharla hablar, saber quién era, qué pensaba sobre determinadas cuestiones, cómo era fuera de la cadena nacional y fuera de lo que dicen los medios hegemónicos.

Hubo medios, específicamente debido al fogoneo de Perfil, que la llamaron “biógrafa oficial” de Cristina como una manera de descalificar su trabajo. Obviaron que, en realidad, La Presidenta no es una biografía autorizada y, mucho menos, una “no autorizada”. Ni siquiera es una biografía. “Este es un libro de autor totalmente caprichoso. Tomo tramos de su vida por cosas que se me ocurrieron a mí y que no consulté con Cristina.”

–¿Por ejemplo?

–El capítulo del escrache de marzo de 2003 en Catamarca ya lo tenía escrito y no le pregunté si le parecía bien o mal. Elegí destacar eso porque me pareció que era un capítulo de su vida que ponía muy de manifiesto los modos de entender el peronismo. O el capítulo de Chiche Labolita y Gladis Dalessandro (amigos de los ’70, uno de ellos desaparecido), que elegí porque lo había leído en Setentistas (el libro de Fernando Amato y Christian Boyanovsky Bazán) que me sirvió muchísimo para ubicarme en La Plata de los años ’70. Yo escribí un libro sobre la vida de Cristina y Cristina está en ese libro. Los lugares por los que va pasando no son los lugares previsibles de una biografía. Quise reconstruir el perfil de una presidenta militante y, a su vez, de esa “yegua” que empezó a aparecer en 2008. Decididamente me pareció que lo interesante era reconstruir esa historia para saber qué tipo de mujer y con qué historia atrás despertaba esas reacciones tan feroces, sobre todo en las mujeres.

–¿Se peleó alguna vez con Cristina en el proceso del libro?

–No, pero me peleé con el libro. Tanto que quise renunciar dos veces. La primera, cuando murió Néstor. Ofrecí rescindir el contrato porque ella entraba en un duelo. Y yo, como viuda, ya lo había vivido. Pero me decían “esperá, esperá, encontrá la manera de laburar sin ella”. Por eso surgió la idea de hacer doce entrevistas y trabajar con ese material que era bueno pero hubiera sido muy pobre sin la voz de Cristina. La segunda no fue tan estigmatizante. Ocurrió que se vencían los plazos: yo debía entregar el material el 15 de febrero para llegar a la Feria del Libro. Pero las postergaciones hicieron que no llegara. Había dejado laburos, estaba ansiosa, no podía más. Y la espera fue brutal. Pero un día salió.

–La editorial pensaba sacarlo para la Feria del Libro, lo que hubiera significado un tipo de lectura más centrado en la escritora. Sale dos semanas antes de las Primarias Obligatorias, lo que pone en el centro de la escena al personaje. ¿Cambia la relación con el libro, cambia la lectura?

–Creo que sí cambia todo, pero no por una imposición mía ni de nadie. Las cosas sucedieron así. Si hubiera salido en la Feria creo que se hubiera tomado como el desafío de Cristina a la llegada de Vargas Llosa, por ejemplo. Todo lo que vivimos desde 2008, y eso forma parte de la estructura del libro, está absolutamente politizado y está desprovisto de la posibilidad de ser neutral.

–¿Podría haber escrito este libro sin estar politizada o desideologizada?

–Siento esta época, el libro o 6, 7, 8 o todo lo que hago, como un movimiento natural de mi propia vida, de mi personalidad. Sería raro que no estuviera haciendo lo que hago. Es incómodo, pero no tengo más remedio: así me tomo las cosas, no puedo esconder la cabeza abajo de la alfombra o buscarme situaciones un poco más cómodas cuando siento que naturalmente surgen estos escenarios donde hay que hablar y yo hablo.
Yo escribía columnas políticas con una posición y una interpretación muy claras. Adherí a Carta Abierta apenas arrancó, apareció allí la palabra “destituyente”. Y me largué a escribir el prólogo poniendo todo esto, como un planteo político de lo que quería hacer, sin haber tenido una sola entrevista con Cristina. Y cuando estaba terminando el libro, cuando empiezan a realizarse las entrevistas, me encuentro con una Presidenta que me dice, sin haber leído ese prólogo, “a mí en 2008 me quisieron destituir”. Eso fue una coordenada que se cruzó: estuve en el momento indicado en el sitio preciso.

–¿Cuántos fueron los momentos en los que se planteó, escribiendo el libro, que eso que
se decía podía generar un escándalo?

–Cuando me empezó a contar los sucesos de 2008. Era evidente. Esa entrevista la tuvimos en México. La primera charla fue mucho más humana, familiar, del pasado. Y cuando me contó los hechos de 2008 supe que la cosa iba a despelotar todo. Pero era lógico: no había dado entrevistas a medios gráficos durante cuatro años, había sido estigmatizada por un conglomerado de medios y dirigentes opositores que se metieron con su luto, con su dolor. Había soportado todo eso. Si nos alejamos de la posición política que tenga cada uno y miramos un poquito hacia atrás, salta a la vista que Cristina fue la presidenta que más injurias, insultos y descalificaciones recibió desde el regreso democrático. La idea de que surgiera este libro es su derecho a hablar, a contar su versión de las cosas y nada menos que de su gobierno. Y eso genera despelotes.

–Entonces, ¿los esperaba?

–No, para nada. Me encontré con la mención a Alberto Fernández de manera absolutamente inesperada. Eso no estaba en mi cabeza, pero estaba en la de ella y ella quería decirlo. Yo quería escuchar. Mi aproximación a Cristina fue más como escritora que como periodista. Lo que yo veía en esa chica de 20 años de la foto no tenía que ver con el periodismo. Tenía que ver con otra dimensión de mí, con la narradora de un personaje fantásticamente interesante. Quería comprender el aspecto de la militancia encarnada en alguien que hace 40 años que milita y que pasó por diferentes cargos. Me interesaba sabe qué quiere decir esa militancia y esa entrega a la política como la causa de su vida en lo personal, en lo doméstico, en lo espiritual. Quería saber qué significa eso, cómo es esa raza de personas en estos momentos de videopolítica, de marketing, donde no importa perder las elecciones porque el que pierde puede volver a su empresa privada o a los teatros de la avenida Corrientes. Y me encontré en el proceso de este libro con muchos de ellos, disidentes de la lucha armada pero militantes de los ’70, un grupo que había quedado invisibilizado por el relato dominante de esos años. Como si los ’70 sólo encerrara a ex miembros de las organizaciones armadas. Pero hubo allí disidencia, discusión. Parte de la confrontación o del espíritu de discusión que se le reprocha a Cristina, en ese sector de militantes estuvo siempre presente. No es algo que se ocultaba: lo ocultó la historia posterior, que quiso englobar a toda esa generación en lo que mencionó Duhalde con su bestial “los imberbes de antes ahora son viejos pelotudos”. Muchos no eran ni imberbes antes ni ahora son pelotudos. Lo que tanto Cristina como Néstor mostraron, y puede ser capitalizado por otras fuerzas políticas, es una actitud frente a la política. Una actitud que defendieron incluso frente a compañeros que optaban por otro camino. Y había que tener mucho coraje para mantener en aquel momento una posición contraria y muy firme contra la militarización de la política.

–Más allá de que la polémica desatada le venga bien a la venta del libro, ¿qué siente ideológicamente frente al revuelo que se generó?

–Es muy incómodo, triste. No me gustan las exposiciones. Soy más bicho de gráfica que panelista de televisión. Estoy ahí porque hace falta, pero no es algo que diga “qué lindo, salgo en la tele”. Todos los días tengo que estar ahí escuchando que soy una mercenaria. No es algo agradable. El libro es un detonante, pero estas cuestiones que se están planteando ya pasaron y en algún momento se iban a sacar a la luz. Tampoco hay que asustarse tanto por la discusión pública.
–Dice que tiene que escuchar todos los días que es una mercenaria. Pero el mercenario cobra por defender algo sin importar si es lo que piensa o no. Sería mercenaria si adscribiera a posiciones contrarias al Gobierno y, previo pago, ensalzara una política que no comparte...
–…mercenaria hubiera sido si el Gobierno me hubiera pagado para escribir este libro. Por eso en el prólogo dije que ser oficialista en materia política es estar de acuerdo con la primera minoría de las últimas elecciones, eso es todo. Y me parece que no es lo mismo ser oficialista sin importar de qué gobierno. Toda mi vida fui opositora. Trabajé en periodismo durante la dictadura en contra de la dictadura, trabajé en contra durante los diez años del menemato, eso está todo publicado. Siento que recorrí un camino muy verosímil en ese sentido. Y lo natural para mí fue concordar cuando Néstor y Cristina empezaron a levantar las banderas que yo había defendido siempre. Sentí que ahí tenía que estar, que las cosas tenían sentido, que valía la pena.
–Es natural, como usted dice, pero es bastante difícil hacer periodismo oficialista.
–Por supuesto, es un garrón. Lo más fácil que a uno le sale es ser oposición. Yo no podría discutir, por el mero hecho de no ser oficialista, aquellas cosas por las cuales peleé toda la vida. Es como ver todo por un eje equivocado. El único análisis que resiste es plantearse quién soy yo, qué defendí toda mi vida, qué está pasando y dónde me ubico. Si toda la vida defendí los organismos de derechos humanos, y llega un gobierno que los recibe, que los escucha, que los respalda y que los banca, obviamente me parece bien por parte del gobierno. No me parece una capitalización de lo que yo pensé. Me parece que ahí los términos son si podés pensarte como parte de otra cosa o si sos el ombligo del mundo. Parte de lo que yo le agradezco a este momento, y que por eso acepto vivir la incomodidad de cargar con esa mirada tan despectiva de otra gente, tiene que ver con que en términos políticos es la mejor época de mi vida. Y si uno no acepta que, además de quejarse, también puede defender lo que ve bien, se está quitando la posibilidad de ganar. Nada más ni nada menos. Es una trampa en la que cae mucho progresismo, cuando en realidad lo que les cae mal es la victoria. Porque, qué pasa si ganan,

PARA VICTOR HUGO MORALES, SE ESTA VIVIENDO ELNIVEL ETICO MAS BAJO EN LA HISTORIA DEL PERIODISMO





VICTOR HUGO MORALES AFIRMA QUE ACTUALMENTE EL PERIODISMO HA DESCENDIDO A LOS PEORES ABISMOS Y QUE EN ESE SENTIDO, DIARIOS COMO LA NACION, POR SU SOCIEDAD CON PAPEL PRENSA Y PERFIL PONEN SOLAMENTE LA LUPA SOBRE TEMAS QUE LE INTERESAN A CLARIN Y ESCONDEN VERGONZOSAMENTE AQUELLOS QUE EL MONOPOLIO NO QUIERE QUE SEAN CONOCIDOS POR LA OPINION PUBLICA, COMO EL CASO DE LA “CAMPAÑA SUCIA” CONTRA FILMUS

EL RELATOR Y CONDUCTOR DE RADIO CONTINENTAL NO DUDO EN CALIFICARLO COMO AL “PEOR PERIODISMO “ QUE CONOCIO EN SU VIDA.


Por Eduardo Anguita   "Me lo devoré. Es un libro apasionante porque viene por el lado del aspecto humano de la Presidenta, pero en cada página la política está subyacente, envuelve esa vida que se cuenta de una manera que me provoca mucha admiración. Ni hablar de cómo está escrito, estupendamente, pero también en la organización mental que tuvo que tener Sandra para atrapar esa vida, darle ejes y hacerlo coherente.” Víctor Hugo Morales no escatima elogios cuando se refiere a La Presidenta. Historia de una vida, el libro sobre Cristina Fernández de Kirchner escrito por Sandra Russo y que el uruguayo presentará el viernes.

–Si tuvieras que definir el libro…

–Me parece que es un libro profundamente femenino, hay mucha mujer en el libro, hay mujeres apasionantes, entrañables, mujeres que han tenido una gran gravitación en la vida de la presidenta, mujeres que lateralmente han acompañado a la presidenta. Los hombres son figuras no decorativas pero sí complementarias en el libro. Y a mí que me apasiona mucho el mundo de las mujeres, a mí me encanta estar con seis mujeres muchísimo más que estar con seis hombres.

–También es un libro que desa­tó polémicas, sobre todo por los comentarios de la Presidenta sobre Alberto Fernández.

–Yo contaba esta mañana que Alberto Fernández es un hombre que me agrada con el que hablé intensamente sólo una vez. No hace mucho tiempo tuvimos un encuen­tro donde el tema central era que él no era José Clarín dentro del gobierno, y por los motivos que se derivan de mi manera profesional de considerar a Clarín hace más de quince años, él quiso que en la conversación ese tema tuviera su centro. Y contaba yo hoy que me fui de la conversación con Alberto creyéndole, un poco convencido de que seguramente alguna patadita por radio yo había dado, un poco por boca de ganso, sobre la cuestión de Clarín y podía haber sido injusto, y cada vez que soy injusto la verdad es lo más mortificante para cualquier persona, para cualquier periodista. Lo he sido muchas veces, por consiguiente, es un aprendizaje muy duro, me moriré cometiendo alguna injusticia. Así que me fui un poco con cola de paja de la conversación, pasaron 24, 48 horas, contaba yo hoy por radio, hubo dos temas muy fuertes en la controversia Clarín/Gobierno. Uno de ellos era Fibertel, el otro no me puedo acordar y en los dos Alberto Fernández aparecía tan fuertemente defensor de Clarín que me dieron ganas de llamarlo, y decirlo, escribirle algo y decirle entendí mal lo que hablamos hoy en esa relación.

–Víctor Hugo, hace mucho que has trascendido el mundo deportivo y tu voz nos acompaña ahora en análisis mucho más profundos en el terreno de la política. En concreto, en Radio Continental podría decirse que tu voz hoy en algún sentido desentona con el resto de la programación en sentido político; quizás en otro sentido ha evolucionado como ha evolucionado la realidad política del país. ¿Cuál es el análisis que hacés de la situación del periodismo político que hoy a priori se podría ver como partido en dos campos?

–Creo que estamos en el nivel más bajo de la historia ética y podría decirse estética también del periodismo si tomamos algunos aspectos de cuestiones televisivas. Pero la ética ha descendido a los peores abismos. Estos días, para poner ejem­plos, de pronto no interesa una campaña de llamados telefónicos hechos desde empresas contratadas por el Gobierno de la Ciudad. Y esto se conecta con la confrontación que ya no es solamente del Grupo Clarín con el Gobierno, sino de todos los otros medios que acompañan a Clarín por intereses que tienen en común, como el diario La Nación en Papel Prensa, u otros que frente a Clarín se atajan como del sol con el brazo por el temor que les inspira, como Perfil. En consecuencia, todo ese periodismo pone la lupa sobre temas que políticamente le interesan a Clarín o esconden de una manera vergonzosa aquellos temas que Clarín en estos momentos quiere que no sean conocidos por la opinión pública. A mí no me van a pescar ignorando algún tema sirviéndole a Clarín, aunque parezca que me pongo en línea con Clarín, yo no le esquivo a temas como la corrupción de denuncias de Jaime, aunque de vez en cuando te tenés que tragar la píldora de salir y pedir disculpas por todo lo que dije, hasta canciones tenemos por el caso Skanska y resulta que ahora todo lo que hicimos fue sumarnos al coro mediático que hablaba de la corrupción de Skanska, cuando los peritos de la Corte Suprema de Justicia están diciendo lo que seguramente determinará que el juez termine con la causa porque nada hubo de corrupción pública por lo menos en esa historia. No van a poder decirme nunca en la cara que yo esquivo un tema porque supues­tamente no es conveniente a lo que yo pienso. A ellos les podría indilgar diario por diario cada día lo que son capaces de hacer. Es el peor periodismo del que yo haya sido testigo en mi vida.

–Víctor Hugo te escucho y pienso en varios temas. Uno de ellos es el caso Schoklender. Yo supe que el diario Clarín tenía la información sobre Sergio Schoklender hace muchísimo tiempo y presumo, con alguna fuente de información y un poco de análisis, que esperaron este momento para hacerlo público para meterse con él en la agenda electoral.

–Sí, lo de Schoklender me parece que la Justicia tendrá que expedirse pero no ha sido nada claro. No me quiero aventurar a decir algo más drástico porque será la Justicia la que en su momento tenga que expresarse. Pongo las manos en el fuego y también mis pestañas en que Hebe de Bonafini no ha incurrido en ningún acto de corrupción. Yo estuve en su casa, estuve en la casa de su hija para hacer una nota, veo cómo vive, y el sentido común me dice que esa mujer que en su momento rechazó cientos de miles de dólares que querían darle en los años ’90 como consecuencia de lo que el Estado le ofrecía a los familiares de las víctimas y ella se peleó con alguno de los familiares de las víctimas negándose a recibir ese dinero, es imposible no hay manera de imaginar. Lo que puede haber sido demasiado confiada, lo que puede haber sido demasiado autoritaria en poner a una persona que a otros le generaban recelos entre ellas mismas. Ella quiso y confió en Schoklender quizás sustituyendo el amor de los hijos que la sociedad en su momento le asesinó y le desapareció. Y por ahí encontró un lugar donde depositar esa ternura que había conservado y la puso los años le dijeron en un mal lugar.

–Otro caso picante en estos momentos es el de Marcela y Felipe Noble Herrera…

–En el caso del ADN de Marcela y Felipe, la empresa Clarín es la que te obliga a hacer este recorrido prácticamente inevitable. Ellos siempre temieron a lo que podría haber en el Banco. Cuando supieron lo que había en el Banco de Datos por algún camino, sea el de la señora Di Lonardo o de otra manera, porque ellos pueden llegar absolutamente a todo, la cosa cambió. Pero independientemente de esto, que ya sería una mera sospecha, en el recorrido que está obligado a hacer mínimamente cualquier persona in­te­ligente estaba el hecho de que se negaron a raja tabla durante diez años, crearon la mayor confrontación de este tipo con las personas que luchan por los derechos humanos, con las Abuelas de Plaza de Mayo. Si recorrieron este camino durante 10 años, si envilecieron absolutamente este proceso, si pusieron en la atmosfera el veneno de esa victimización que durante todo este tiempo hicieron y si era verdad que esos hijos estaban sufriendo tanto por lo que ellos mismos impedían que se hiciere lo que ocurrió ahora inevitablemente es que ellos supieron lo que hay en el Banco Nacional de Datos, es probable que algo más todavía podían haber conocido como para de buenas a primeras decir en 15 días o 20 días ahora sí nos hacemos los exámenes. O algún dato les faltaba, la lectura de algo todavía no se había cumplido; de lo contrario estuvieron 10 años jugando con la opinión pública porque sí, porque les daba gana y no se puede entender entonces cómo se victimizan diciendo que esos niños, que ya son muchachos y personas grandes, sufrieron tanto como ellos están proclamando en estos momentos.

–Para terminar,, vos sos una persona que por más que exprese vehemente tus opiniones nunca perdés, por así decir, el garbo. Y uno ve hoy que en la prensa de alguna manera se ha perdido, cuando uno ve que se enuncia “los periodistas K”, “los intelectuales K”, todo es K, digamos. ¿Cómo es posible mantener esto que a mí me parece que vos lo hacés con un cierto estilo, cómo es posible mantener un diálogo democrático entre distintas facciones, distintos intereses, distintos sectores sin descalificar?

–A mí me gustan mucho los amigos que piensan distinto y consiguen ser amigos todavía. Todas las divergencias que he tenido con periodistas o con personas de mi mundo afectivo son todas generadas por ellos y no pudieron tolerar el tipo de argumentación que yo pue­da tener para distintos temas. Siempre hay una especie de provocación para cada una de las relaciones que se rompieron en este tiempo. Por el contrario yo tengo mucho gusto, de verdad, de hablar con personas que piensan distinto porque me encanta el juego de la argumentación. Oírlos argumentar, porque es cuando uno crece.